domingo, 10 de abril de 2011

ACEPTEMOS LA VEJEZ.

Por Cesáreo Silvestre Peguero.

Al nacer, la vejez se ve lejos; pero con el pasar de los años, llegamos a hacernos viejos. Cuando llega la ancianidad se asoman los achaques, hasta la mente se abate.
Se nos arruga la piel y otras tantas cositas,
también perdemos la
vista.
Se agotan los reflejos, cundo se llega a viejo.
La vejez, la debemos aceptar, como un proceso
natural.
Es mejor llegar a viejo y no morir prematuro,
como muchos jóvenes que no llegan a ver el
futuro. Los años, nos proveen de experiencias y nos hacen
actuar con conciencia.
El mucho vivir, es bendición que proporciona Dios: que con amor nos creó. Vivamos desde jovencitos, aspirando ser viejecitos.
Algunos hijos insensatos ya no quieren tener consigo a sus padres
envejecidos y los llevan a los asilos.
Es una crueldad que a los ancianitos ya no se les quiera más, después de tanto trabajar. El que no quiera llegar a viejito, tendrá que morir
jovencito. No sólo basta ser joven: hay que rendir con provecho
y merecer llegar a viejo.

Qué importa llegar a añejo, eso no es un delito: es la dicha de haber vivido desde chico hasta viejecito.





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