domingo, 3 de abril de 2011

Calumniar es el arma de los desalmados.


Por Cesáreo Silvestre Peguero.
Quienes usan la Calumnia, carecen de la sana capacidad de competir sin golpes bajos. La infamia degrada y corroe los nobles sentimientos que se anidan en el ser humano. La calidad de competir sin bajeza nos hace digno de diferenciarnos de los animales.
Muchos parecen apoyarse en “el principio” que popularizo Nicolás Maquiavelo, quien decía que el fin justifica los medio. -Ese concepto lo consideran los que tienen más en cuenta lo material que lo moral. Algunos han entendido que ¡tras la calumnia algo queda!
La estrategia y la maquinaria que han puesto en marcha determinadas personas de calumniar e injuriar gratuitamente, es un claro acto de irresponsabilidad, aunque el lema bajo el que se amparan, rece lo contrario. En cuanto a las reacciones fisiológicas, los especialistas aseguran que al mentir aumenta la presión arterial, la frecuencia cardiaca, respiratoria y hay cambios en la actividad eléctrica de la piel asociados a la sudoración. En tanto, los pies y las piernas son las partes del cuerpo más sinceras, seguidas del pecho y las gesticulaciones, mientras que los movimientos de manos y las expresiones faciales son más fáciles de manejar. Los pies, se explica, reflejan realmente el estado emotivo y cognitivo de la persona.
La parte inferior del cuerpo no miente cuando expresa interés, aburrimiento, deseo de huir o de combatir, reserva apertura, hermetismo y deshonestidad.
La experta en comunicación no verbal, Lilian Glass, ha observado que cuando una persona sincera está parada, tiene los pies bien apoyados apuntando hacia su interlocutor. Si el peso de la persona reposa sobre un lado del pie o los talones, probablemente está siendo falsa, miente o retiene información.
Los tobillos cruzados pueden significar que no quiere revelar algún dato o emoción. Las flexiones del torso hacia adelante puede expresar interés y hacia atrás desinterés. Una persona que no es sincera es en general menos expresiva con las manos, aquellas que enseñan palmas y extienden dedos, indican franqueza; aunque esto, no siempre se aplica en todos los casos. –por ejemplo, en la mayoría de los políticos se da mucho gesticulación y extensión de sus manos y, eso no significa que sean sinceros. Por otro lado, el profesor en psicología de la Universidad de California, Paul Ekeman, expresa que en cambio, el rostro suele contener un doble mensaje: por un lado, lo que el mentiroso quiere mostrar, por el otro, lo que quiere ocultar.
Una sonrisa mentirosa, por ejemplo, se detecta cuando la parte inferior de la cara muestra los dientes, pero los ojos no se arrugan, mientras que el hecho de rascarse la nariz ante preguntas comprometedoras, se le conoce como efecto pinocho. Esto es porque cuando una persona miente se pueden dilatar los vasos sanguíneos de la nariz, de tal forma que se hincha, aunque este aumento de tamaño no es visible, el efecto final, unido a la sudoración, genera la necesidad de rascarse. Según la jefa del laboratorio de neuropsicología de la Universidad Nacional Autónoma de México, Feggy Ostrosky, el tono de voz es un indicador más confiable que la expresión facial para detectar al que engaña.
Los indicios vocales más comunes de engaño son las pausas demasiado largas o frecuentes y el mentiroso, ante el temor de ser descubierto, puede volver la voz más aguda.
Vale más ser integral que calumniar y ser inmoral.

 

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