lunes, 4 de abril de 2011

CUANDO LA INIQUIDAD NUBLA LA CONCIENCIA.



Por Cesáreo Silvestre Periodista.   

La inequidad es lo contrario de la justicia; esa parcialidad tiende a oscurecer y afectar el discernimiento y el grado de conciencia que se posea. El nivel de la calidad debe estar determinado por la dignidad y el uso del equilibrio, así se es moderado. Cuando se actúa con justeza y rectitud no sólo se beneficia el agraviado; sino que también, esa acción repercute haciendo eco en quienes desde el momento mismo, cuando se ve aplicar la correcta justicia, los que la captan, robustecen su nivel de conciencia y esta se esparce, edificando esa lección a otros.
En muchos seres humanos existen los deseos de hacer prevalecer sus apetencias particulares por encima de los que le corresponde al otro y es que la mayoría sólo piensa en su particularidad y no en los demás.
Proceder con escrupulosidad es disfruta de la paz que genera la satisfacción de haber actuado correctamente. Eso proporciona tranquilidad interior. Ser justo lo primero, si queréis ser felices. Juan Pablo Duarte.
La arbitrariedad y el absurdo se hacen presentes en el ser humano cuando a estos se le nubla la conciencia. Desarraigar la iniquidad, debe ser una meta de todo ser humano que se considere actuar con sano juicio.
Ese defecto de actuación, se arrastra desde generación en generación. Sé que sería iluso de mi parte, pretender que esta actitud desaparezca del todo en los seres humanos; pero, si es posible disminuir el grado de iniquidad cuando se tiene la fuerza de voluntad. Soy parte de esta sociedad muy improcedente e intransigente y, sin embargo yo he procurado no dejarme infectar de ese sistema que prima en casi todos los sectores sociales.
Repito, el pecado no se hereda, lo que se hereda es la iniquidad.  Pero hay disfavores clavados en el alma que son como cautiverios que tienen que ser tratados para poder ser libre. En el Salmo 51 David confiesa su iniquidad lávame más y más de mi maldad = iniquidad palabra original. David decía que su iniquidad estaba todos los días delante de él (es una cuestión de humildad y analizarnos en las áreas difíciles que tienen raíces profundas). La maldición es producto de un pecado que no se confesó y que se arraiga  en el alma, produciendo enfermedades y toda clase de raíces de amarguras. Esas son las malignidades que se manifiestan como maldiciones a través de las generaciones.  En proverbios dice que no hay maldición sin causa. Quien actúa injustamente, corre el riego de que esa actitud le corrompa. -Eso daña y socava los sanos sentimientos humanos. Quien ve cometer un acto de injusticia y no hace nada para evitarlo, se hace cómplice. José Martí. Como en justicia que se he culpable por comisión o por omisión. Al tiempo de tratar este tipo reflexión para los que me leen en la red, también a mi me sirve de retroalimentación.
Ojala este sencillo tema haya sido de edificación para quienes los hayan leído con meditación.

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