martes, 5 de abril de 2011

DEFORESTACIÓN PROGRESIVA

Por Cesáreo Silvestre Peguero.
 
                                                                           
Forestar es sembrar, es preservar los árboles, la vegetación y los recursos forestales.     Es  preservar y los árbol no cortar. Deforestar es acabar con la reserva natural.
La desproporcionada ambición de quienes hacen dinero acosta de las quemas y ventas de maderas y de carbón, propagan la deforestación. Tal  degradación, hace extinguir  la existencia de Ríos y arroyos. La imagen de la presente obra del Pintor Ramón Nicolás De La Rosa describe la realidad del grado de deforestación que se practica en República Dominicana.

En este realismo se ve a un loro trepado en el árbol que ha sido deforestado.
Este simbolismo es el reflejo autentico de la realidad que se vive en los campos y bosques dominicanos.
Estimula el hecho de que aun existan pintores que se dediquen a plasmar el realismo con sentido, tal como lo experimenta este talentoso artista del pincel llamado Ramón Nicolás De La Rosa, es oriundo de San Pedro de Macorís (al Este de República Dominicana).
El indicado artista reside en el sector Villa Progreso de SPM. Estudió en  Escuela Nacional de Bellas Artes, en 1993. Años más tarde, se instruyó en el taller del Reconocido Maestro Ramón Sandoval y del connotado artista Félix Disla (negro); los señalados maestros contribuyeron con la formación y destreza exhibida por este prometedor pintor profesional.
Jóvenes talentosos, como lo es él, deben recibir el mayor apoyo de de la población.  Es alentador saber que aun existan  relevos generacionales en el realismo de la pintura con sentido.
Hoy cuando, parece haber desaparecido el interés por proyectar lo real, pintores como Ramón Nicolás De La  Rosa,  persisten en plasmar con su arte. Este tipo de arte suele escasear por no ser  comercial.
Esta original imagen debería servirnos de meditación y hacer nuestra la preocupación del indicado pintor, que a través de su pincel denuncia una realidad ¡preocupante que se debe atender!!!
Ojala esta obra sirva para despertar el interés por nuestras reservas naturales.             
Viva la naturaleza y Dios con su grandeza. Esta connotada obra deberá acogerse  como una meditación por aquellos que, por falta de conciencia están eliminando  con sus cortes los árboles. Estos actos deben ser frenados por las “autoridades” forestales del país. Todavía hay tiempo.
La tala indiscriminada, corte y quema de árboles, amenaza con la preservación del medio ambiente y la biodiversidad; con eliminar la fauna y especies que cohabitan  en los bosques. Es tiempo de crear conciencia para evitar que se continúen destruyendo las montañas de donde emanan los  arroyos y ríos; de donde se extrae el agua para consumo e irrigar los frutos. Todo debemos abogar para que se descontinué la deforestación, práctica que  destruye los recursos naturales que a todos nos corresponde conservar.
Aún estamos a tiempo de preservar y evitar el corte indebido de nuestras reservas naturales. A todos nos corresponde velar para evitar  este flagelo de la deforestación. Esta imagen debe servir para reflexionar y despertar el interés por la preservación de los recursos naturales.
La deforestación que se está ejecutando en Republica dominicana, podría causarle daños irreversibles al medio ambiente y con ello a la flora, y a las especies que cohabitan usando los árboles como cobijas para posar sus nidos. La convivencia del bosque con una población rural empobrecida se hace insostenible.
No podemos pretender la hazaña de armonizar la miseria con la preservación ecológica. 
Los hombres, las mujeres, las familias que sobreviven en las márgenes de los parques nacionales y las cuencas fluviales deben ser el principal objeto de atención de un verdadero plan de preservación de los recursos naturales.
El objetivo es hacer de la convivencia del ecosistema y el hombre una fuente de ingresos sostenibles para las familias que se conserven viviendo en esas aéreas sensibles. Las demás deben ser trasladadas a otros terrenos propiedad del Estado. 

El asentamiento en otros lugares, aptos para la agricultura y la cría de ganado, de familias campesinas debe ser realizado con inversión presupuestaria, o con programas de asistencia y cooperación internacionales.
El resultado debe ser una mejor condición de vidas y mejores ingresos para esos pobladores rurales. Los que permanezcan dentro (o en las márgenes) de cuencas fluviales, en las zonas montañosas, y /o, de parques nacionales y reservas ecológicas deben ser los menos posibles. 
Estos a su vez deben ser reorientados hacia el cuidado del ecosistema, integrándolos de forma permanente al programa de reforestación, a la prevención y combate de los incendios forestales, y a las actividades de protección de la fauna y persecución de la casa furtiva. También deben participar en la recepción del turismo ecológico. Deben dejar de vivir consumiendo y destruyendo los recursos del bosque, para pasar a vivir de cuidarlos. Pero sin inversión oficial y planes supervisados socialmente, no habrá ni reasentamiento, ni reforestación, ni cambio de la cultura campesina de quema y agricultora errante, por una cohabitación rentable.

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