domingo, 3 de abril de 2011

EL VALOR DEL TIEMPO


Cesáreo Silvestre Peguero. 
            
Plátano maduro no vuelve a verde, el tiempo que se va no vuelve.
Si se creara conciencia de este lema tal vez no habrían tantos que se lamenten por lo que no supieron aprovechar en el tiempo brindado.
Las doce horas del día, comprendidas de 6 de la mañana a seis de la tarde, poseen 720 minutos, y si le sumamos las 4 horas, de 6 a 10, diríamos que disponemos de 960 minutos diarios. ¿Qué estamos haciendo con el tiempo? ¿Los estamos aprovechando?
O, ¿lo estamos desperdiciando? Hay que saber utilizar el tiempo.
Lo que somos hoy, es el resultado de lo que hicimos ayer, y lo que seremos mañana va a depender del hoy. La televisión absorbe mucho tiempo útil que puede aprovecharse en algo de mayor provecho; debe de leerse en tiempo libre buenos libros, dentro de ellos la Biblia; dedicarlo al diálogo con provecho, que nos ayude a crecer como seres humanos.
La televisión no es siempre sana ni tan educativa; aunque en algunos casos funge como ente de orientación. Sin embargo, a través de esta, se norma en la mayoría de los casos la conducta de los que a temprana edad tienden a regirse por ella.
Para cuando el niño llegue a la edad adulta habrá visto miles de actos violentos y asesinatos.
La pantalla chica mantiene la atención de los telespectadores a base de peleas, matanzas, efectos especiales y sexo.
Los productores se van cada vez más a verdaderos extremos para impactar y excitar a la gente: presentan más escenas violentas y con un contenido más gráfico, más sexual y más sádico.
La violencia televisiva genera agresividad en las personas y hace que sean menos compasivos con las víctimas de actos violentos en la vida real. También se afirma que las escenas de sexo fomentan la promiscuidad y socavan la moralidad. La Biblia hace referencia al sexo y  la violencia, pero lo hace para instruir, no para entretener (Romanos 15:4).
En la mayoría de los casos, la televisión no tiene el objetivo de instruir, sino vender, y esos no son precisamente los valores que se fomentan en muchos de los programas de televisión. (Isaías 2:2-4; 1 Corintios 13:4-8; Efesios 4:32).
No pretendo que se deje de ver televisión, puede verse; pero, sopesadamente y no novelas y películas que sólo tratan banalidades de contenido trivial e instan a depravación moral.
Deben ocupar nuestro tiempo programas que instruyan, eduquen, orienten, cercioren o enriquezcan nuestros conocimientos   de forma sana y, porque no, que nos diviertan sin morbosidad.

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