martes, 19 de abril de 2011

IMPORTANCIA DE LO QUE HABLAMOS

Por Cesáreo Silvestre Peguero. elperiodismoconsentido@gmail.com
 


La calidad de lo que expresemos va a depender de sus pensamientos.
Quien tenga buenas ídeas trata temas de importancia; edificamos según hablamos, de ahí la calidad de lo que digamos. Nos describimos por lo que decimos; deberíamos poner
el cerebro en funcionamiento, meditar antes de hablar.
“Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ellas darán cuenta el día del juicio. Porque por tus palabras serás justificado y por tu vocabulario serás condenado”.
San Mateo 12.36.
“Todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse.
Santiago, 1.19”. Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas”.
He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego! Y la lengua es un ardor, un mundo de maldad.
Cuando fueres a la casa de Dios guarda tu pie; y acércate más para oír que para ofrecer el sacrificio de los necios; porque no saben que hacen mal. No te des prisa con tu boca ni tu corazón se apresure palabras delante de Dios; porque Dios está en el cielo, y tú sobre la Tierra; por tanto, sean pocas tus palabras porque de la mucha ocupación
viene el sueño, y de la multitud de palabra la voz del necio. Eclesiastés 5. 1 al 3.
Para saber hablar, tres cosas son precisas: saber pensar, saber escuchar y saber callar. Plutarco.

Se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para aprender a callar. Ernest Hemingway.


PRECISIONE 

En este particular, la palabra Dios habla -nos  enseña  la atadura textual en el sentido espiritual; en la edición, traducción directa de los textos originales: hebreos, arameos y griegos.                                              Trata de consejos que debemos practicar. La Biblia, Dios habla hoy, conserva en la totalidad la versión griega y otras versiones antiguas. A continuación, algunas sugerencias útiles: 
El que domina su lengua vivirá en paz; y el que odia la murmuración sufrirá poco. 
No repitas los chismes y te evitaras perjuicios. No lo cuentes ni a amigos ni a enemigos; no los reveles, a menos que peques con callar. Si uno de ellos te oye desconfiara de ti y más tarde te odiara. Eclesiástico 19: verso 6 al 9 Hijo, escuchen la instrucción para aprender a hablar; el que la siga no peca.

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