domingo, 3 de abril de 2011

CUANDO SE PROPAGA EL DESCREDITO

Por Cesáreo Silvestre Peguero.

Infundir es influenciar en otro una creencia falsa o verdadera. -En la búsqueda de tal objetivo hay quienes se valen  de cualquier escaso argumento para tratar de denigrar o hacer creer algo incierto.

Para lograr tal descrédito, se emiten expresiones o se ejecutan actitudes que procuran este propósito de manera despectiva. En la mayoría de los casos, los que difaman, ocultan cierta admiración a quienes detractan; pero se ven incapaces de admitirlo y prefieren hacer uso de tipificaciones adjetivas y exiguas, (escasas, insuficientes y vanas) con la que se busca censurar o descalificar.
Es muy usual que algunos egocéntricos se consideren muy cuerdos y califiquen a los demás de locos o locas.
Hay que ser bien ineficiente cuando se cree ser eficiente considerando al otro de no serlo y más aún con epítetos desacertados e inadecuados.
¡”Qué irónico  es, que precisamente por medio del lenguaje una persona pueda degradarse por debajo de lo que no tiene lenguaje”! (Sören Aabye Kierkegaard).
Algunos de los más admirables enajenados de la literatura universal han sido creados por novelistas o dramaturgos en su sano juicio, dueños de un comportamiento personal aceptable, cuando no ejemplar, y que han gozado de respeto entre sus coetáneos; pero, debido a sus oficios, han sido capaces de sondear, con minuciosa exactitud, los matices de la alineación mental, así como los talantes que tipifican la conducta anómala.
Erasmo fue el primero en vislumbrar la importancia de la locura de la vida social, y lejos de aceptar las interpretaciones ortodoxas que la estereotipan como posesión demoníaca, vicio o pecado se dio cuenta de que la locura constituía un ingrediente esencial de la vida cotidiana, uno de los polos entre los cuales oscila el regulador de la razón. La persona realmente exitosa y de excelencia nunca necesitará apagar la luz de otra persona para hacer proyectar la suya. “No hablaré mal de hombre alguno, y de todos diré todo lo bueno que sepa”.  –José Martì”.
“Todos los hombres que conozco son superiores a mí en algo. En ese sentido, aprendo de ellos”.
–Benjamín Franklin.

Calumniar es el arma de los desalmados.


Por Cesáreo Silvestre Peguero.
Quienes usan la Calumnia, carecen de la sana capacidad de competir sin golpes bajos. La infamia degrada y corroe los nobles sentimientos que se anidan en el ser humano. La calidad de competir sin bajeza nos hace digno de diferenciarnos de los animales.
Muchos parecen apoyarse en “el principio” que popularizo Nicolás Maquiavelo, quien decía que el fin justifica los medio. -Ese concepto lo consideran los que tienen más en cuenta lo material que lo moral. Algunos han entendido que ¡tras la calumnia algo queda!
La estrategia y la maquinaria que han puesto en marcha determinadas personas de calumniar e injuriar gratuitamente, es un claro acto de irresponsabilidad, aunque el lema bajo el que se amparan, rece lo contrario. En cuanto a las reacciones fisiológicas, los especialistas aseguran que al mentir aumenta la presión arterial, la frecuencia cardiaca, respiratoria y hay cambios en la actividad eléctrica de la piel asociados a la sudoración. En tanto, los pies y las piernas son las partes del cuerpo más sinceras, seguidas del pecho y las gesticulaciones, mientras que los movimientos de manos y las expresiones faciales son más fáciles de manejar. Los pies, se explica, reflejan realmente el estado emotivo y cognitivo de la persona.
La parte inferior del cuerpo no miente cuando expresa interés, aburrimiento, deseo de huir o de combatir, reserva apertura, hermetismo y deshonestidad.
La experta en comunicación no verbal, Lilian Glass, ha observado que cuando una persona sincera está parada, tiene los pies bien apoyados apuntando hacia su interlocutor. Si el peso de la persona reposa sobre un lado del pie o los talones, probablemente está siendo falsa, miente o retiene información.
Los tobillos cruzados pueden significar que no quiere revelar algún dato o emoción. Las flexiones del torso hacia adelante puede expresar interés y hacia atrás desinterés. Una persona que no es sincera es en general menos expresiva con las manos, aquellas que enseñan palmas y extienden dedos, indican franqueza; aunque esto, no siempre se aplica en todos los casos. –por ejemplo, en la mayoría de los políticos se da mucho gesticulación y extensión de sus manos y, eso no significa que sean sinceros. Por otro lado, el profesor en psicología de la Universidad de California, Paul Ekeman, expresa que en cambio, el rostro suele contener un doble mensaje: por un lado, lo que el mentiroso quiere mostrar, por el otro, lo que quiere ocultar.
Una sonrisa mentirosa, por ejemplo, se detecta cuando la parte inferior de la cara muestra los dientes, pero los ojos no se arrugan, mientras que el hecho de rascarse la nariz ante preguntas comprometedoras, se le conoce como efecto pinocho. Esto es porque cuando una persona miente se pueden dilatar los vasos sanguíneos de la nariz, de tal forma que se hincha, aunque este aumento de tamaño no es visible, el efecto final, unido a la sudoración, genera la necesidad de rascarse. Según la jefa del laboratorio de neuropsicología de la Universidad Nacional Autónoma de México, Feggy Ostrosky, el tono de voz es un indicador más confiable que la expresión facial para detectar al que engaña.
Los indicios vocales más comunes de engaño son las pausas demasiado largas o frecuentes y el mentiroso, ante el temor de ser descubierto, puede volver la voz más aguda.
Vale más ser integral que calumniar y ser inmoral.

 

CUANDO LAS MAÑAS SE HACEN SUTILES

Por Cesáreo Silvestre Peguero.   
                                                                                            

Enseñanza, es el método que como sistema utilizamos para instruir o instruirnos.
Es pues una lección didáctica o ejemplarizadora de la que se pueda aprender.

La definición del título de este artículo es el elemento de edificación que me motiva tratarlo.
Robar, es apoderarse de forma inconsulta de algo ajeno, no importa lo que sea, grande o “pequeño”, costoso o “insignificante”.
Es decir, el robo no tiene clasificación de precio o importancia para dejar de serlo; sin embargo, muchos creen que quien roba un pollo no es ladrón, si no el que se roba un millón.
Amparados en tales creencias muchos se hacen jueces de ellos mismos, procuran agenciarse sus propias indulgencias; mas para mí, los robos no deben realizarse como queriendo justificarse los grandes con los pequeños; porque ambos son iguales, e inmorales.
De lo malo algo bueno se puede aprender; como de lo bueno algo malo puede echarlo a perder.
En la mayoría de los casos, los que fustigan el mal son igual o peores a quienes son cuestionados.
En una ocasión observé a una persona apropiarse de un animal que a su casa erró en penetrar, adueñándose la persona del animal; al hacersele la observación consideró que no robó, sino “cogió”; queriéndose justificar por el “poco costo” que como precio tenía el animal.
No nos queramos justificar; porque robar es robo, no importa cuán insignificante sea un objeto o un animal.
Esto me hizo reflexionar y aprender que antes de señalar nos debemos cuestionar; porque pudiésemos estar incurriendo en faltas, esto se pone de manifiesto cuando la inconciencia se hace sutil

SINTOMAS DE MEDIOCRIDAD

Cesáreo Silvestre Peguero.
                                                                                                                                                  
Son los síntomas rasgos que describen ciertos comportamientos en una persona o animal y, la mediocridad es un derivado de mediano, -(no de estatura física sino del nivel reducido en  la forma de pensar y actuar). Las personas mediocres miden a los demás en base a la pobreza mental  de ellos mismos; tienden a ser ridículos y se empeñan en hacer sentir como tales a los que no lo son.  Exhiben aires de grandeza y tratan de que los demás se sientan pequeños.
Los mediocres interponen lo económico por encima del valor humano. Ellos se sienten inseguros de su propia percepción y se consuelan cuando los demás le adulan. Aunque hayan estudiado en la Universidad de Harvard, siguen siendo enanos  en su proceder.
Los mediocres no engendran  positivismo; en cambio, hacen parir negatividad e ignoran el logro de los demás.
Como dice José Ingeniero tienden a mirar siempre al pasado como si estuviesen ojos en la nuca. Estos pueden despreciar todo; menos la falsedad y la bajeza... no son humilde en tolerancia, ni fuertes en las adversidades.
Los mediocres, son rencorosos y renegados a perdonar. Repiten la crítica de los demás, sin considerar primero cual es el propósito de quien habla.
Los mediocres no admiten sus errores, y tienden a culpar a otros cuando fracasan. A los mediocres le entretiene la crítica; pero se aíran al ser cuestionado por otros. Acostumbran hacer  alarde de sus infundados estudios; carecen de creatividad y cuando ven a otros exhibirla, la ignoran. Tienden a no estar rodeados de quienes le hacen sombra; porque creen  ser desplazados.
Lucen ser graciosos  banalmente, con tal de llamar la atención en fiestas o reuniones.
Después de leer este tema, aquellos que observen las erróneas actitudes ya descriptas, les sugiero no atribuírsela a otros con la intención de degradarle, sino con ánimo de ayudarle a deshacerse de esas torcidas prácticas.

RAZONES PARA REÌR RAZONES PARA REÌR

Cesáreo Silvestre Peguero.

Dicen que no hay nadie tan pobre que no pueda darla, ni tan rico que no la necesite; si, la sonrisa es gratis; pero es costoso su efecto en otros.
Cuando reímos descargamos tensiones y transmitimos emociones.
La sonrisa expresa cordialidad; armoniza y sirve de enlace amistoso.

Sé que no siempre es fácil sonreír en medio de la fatiga que generan las tareas, compromisos y afanes diarios que atañes  a cada ser humano; pero esto lo podemos contrarrestar. Sonriamos, así podremos neutralizar el estrés y el mal genio que éste genera.
La sonrisa posee cierto poder terapéutico, aleja la tensión.
Cuando sonreímos, el corazón y los pulmones se reactivan.
La sonrisa causa la eliminación de  sustancias tóxicas que se alojan en nuestro organismo.
Con la risa se mejoran los procesos digestivos.

Cuando sonreímos, los pulmones oxigenan el cuerpo, reactivándose la circulación, y ayuda a evadir la presión social y el estrés.

El Corazón alegre hermosea  el rostro. Armonicemos nuestros sentidos al sonreír;  ahora  tendrás más razón para expresar su sonrisa.